viernes, 25 de abril de 2014

Cinco casos de acoso escolar


Cinco casos de acoso escolar

El 21 de septiembre de 2004, Jokin, un chico de 14 años, se suicidaba para acabar con el acoso y las agresiones que le infligían sus compañeros de instituto. La conmoción que suscitó su muerte ha permitido atajar otras intimidaciones pero, ahora, la historia vuelve a repetirse con una adolescente de Elda. Repasamos cinco de los últimos casos del llamado 'bullying', un problema tan viejo como la escuela.

(21-09-2004) Jokin despierta la sensibilidad social

Al alba del martes 21, aprovechando que en su casa todos dormían, Jokin cogió la bicicleta, se dirigió a las murallas y se tiró. Su cadáver, oculto entre el césped, no se encontró hasta la tarde. Para entonces, sus padres ya habían empezado a descubrir horrorizados lo que Jokin les había estado ocultando durante meses. Un grupo de compañeros de su clase, el 4º A de ESO del Instituto Talaia de Hondarribia, lo venía sometiendo a una persecución sistemática a base de amenazas, palizas y vejaciones. Los resultados de la autopsia desvelaron lo que Jokin nunca quiso contar: cinco zonas de su cuerpo tenían claros signos de haber recibido numerosos golpes unos ocho días antes del suicidio.

(26-10-2004) Un nuevo caso en el instituto de Jokin

La conmoción que provocó la muerte de Jokin en Hondarribia y en el centro Talaia no fue suficiente para frenar la actitud de algunos escolares. Una alumna del mismo instituto repetía su pesadilla al poco tiempo. La adolescente se vió obligada a trasladarse a un instituto de San Sebastián pero ni aun así consiguió librarse de sus acosadores. Estos se organizaron por Internet y contactaron con alumnos del nuevo centro para que siguieran acosándola allí. La Consejería de Educación dijo en su momento que la escolar tiene todo el apoyo que necesita.

(11-12-2004) Tania Hernández intentó suicidarse con Valium

Tania Hernández, una adolescente de 14 años que estudia en el Liceo burgalense de Castilla, afirma encontrarse en desamparo tras haber presentado más de 20 denuncias contra 19 compañeros de colegio. Asegura que lleva año y medio sufriendo amenazas, robos y agresiones que le han llevado a intentar suicidarse. En enero tomó diez pastillas de Valium 5 y tuvo que permanecer quince días ingresada en el hospital General Yagüe de Burgos. El psicólogo que la atendió le recomendó el cambio de centro pero las amenazas continuaron y llegó romperse un brazo en una pelea.

(03-03-2005) Una de las primeras condenas

El Juzgado de Menores y el de Primera Instancia número 2 de Vitoria condenaron el pasado marzo a un alumno y a la ikastola Raimundo Olabide donde estudiaba por un caso "grave" de acoso continuado a una menor de 13 años. Los abusos ocurrieron durante el curso 2001-2002; el fallo explica que el condenado y el grupo de alumnos que lideraba "ultrajaron a la menor, escupiéndola, golpeándola, y tocándole los pechos, las nalgas y los genitales. Intentándolo, incluso, debajo de la ropa".

(24-05-2005) Una adolescente se tira desde El Puente de la Libertad

No deja de ser paradójico que la adolescente de Elda se suicidara tirándose desde un lugar llamado Puente de la Libertad. Hace cinco meses, sus padres presentaron una denuncia ante la policía, que trasladó el asunto como lesiones a la Fiscalía de Menores. La dirección del centro no consideró oportuno sancionar a las presuntas agresoras ni informó a la Consejería de Educación. El 24 de mayo, esta chica de 16 años decidió acabar con su vida. Ahora, la policía investiga el caso.
Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2005/05/26/actualidad/1117058402_850215.html

jueves, 24 de abril de 2014

Cuentanos lo que te pasa

La victimas de Bullying siempre callan el dolor y el sufrimiento que estan pasando, NO lo hagas ayudanos a concientizar este gravísimo problema, manda tu historia de forma anonima al siguiente correo dra.teraizamesa@gmail.com

Al expresar tus sentimientos, sin saberlo, te estas ayudando, no te quedes callado ........... lo se no van a cambiar las cosas, te van a seguir molestando, pero tu las veras de otra manera y en tu mente cambiará la historia. Sabes que, haciendolo ayudaras a otros.
Un abrazo y no dejes que otros te hagan daño, tu no te lo mereces.
Teraiza

El dolor silencioso

Una víctima de 'bullying' explica su sufrimiento para ayudar a otros jóvenes

La Universitat de Girona premia el trabajo de bachillerato de Carla sobre el acoso | "Cuanto más se humilla a una persona, más daño esta se deja hacer"

"Me sentía inútil, creía que no era nadie, tenía angustia, desesperanza, depresión..., me humillaban psicológicamente, también físicamente, me convirtieron en su diversión". Lo explicaba ayer Carla, que, dice, ha perdonado y se ha perdonado a sí misma y que considera que haber sufrido es un don que ahora tiene -junto el de la alegría- para poder entender a las personas. Convirtió su historia en el trabajo de investigación de bachillerato y ha ganado el premio Consell Social en temáticas de juventud de la Universitat de Girona. Quiere compartir su experiencia y lo que ha estudiado sobre el tema para ayudar a los que están perdidos.

El bullying empezó cuando tenía ocho años en su colegio de Tordera (Barcelona). Era un poco gordita, dice, y enseguida se quedó sola, cada vez más sola. Entonces se fue encerrando en sí misma, no se atrevía a hablar, ni a mirar a los ojos de los demás. Ir al colegio era horrible, pero nunca dijo nada -sus padres se enteraron del bullying cuando publicó su trabajo y el vídeo que le acompaña-. Nadie se dio cuenta, ningún profesor, y ella sintió -recuerda- que no existía.

Pesaba tanto la soledad que a los once años hizo todo lo posible para integrarse en un grupo, y entonces empezó el acoso grupal sobre ella, orquestado por la líder y seguido a ciegas por las demás. En esta etapa de paso de la infancia y de la adolescencia, en el que se toma conciencia de la propia personalidad, Carla asegura que no sabía quién era, ni qué le gustaba, ni qué quería, pero no sabía por qué. "El grupo inicia una presión psicológica sutil que provoca una confusión a la víctima -escribe en su trabajo-. Este es el primer paso que permitirá la inhabilitación del pensamiento propio de forma gradual. Después, con comentarios sarcásticos se intenta situar a esta persona en una posición de inferioridad y a continuación se la sigue sometiendo a maniobras hostiles y degradantes que la convertirán en un simple objeto fácil de manipular".

Las chicas del grupo quedaban, recuerda, para orquestar cómo iban a humillarla. Y Carla vivía en un mundo cada vez más negro. Le pusieron todo tipo de etiquetas, se consideraba una nulidad escolar, una chica problemática... y cuanto más se humilla a una persona, dice, más daño se deja infligir. Y entonces se hacen cosas que no se deberían hacer, como un grito de desespero... Pero nadie escuchaba.

Por eso, para Carla lo más importante es romper el silencio con el que uno mismo se ha envuelto, y trata de hacerlo entender con su trabajo A la recerca de la pròpia identitat y especialmente con el vídeo El dolor silencioso. Romper, sobre todo, el miedo a expresarse y a expresar que uno, quizás, es diferente a los demás.

La protagonista de esta historia empezó a ver poco a poco que las cosas no cuadraban, que disfrutaba más hablando con otras personas que con las de su grupo hasta que un día, cuando se acababa la enseñanza secundaria, alguien le preguntó qué quería estudiar. Carla ni se lo había planteado, pensaba que como le decían que era inútil no podría hacer el bachillerato, y le llamó la atención no saber ni qué quería, ni cuáles eran sus habilidades. Pensó que sí que podía estudiar, y empezó a abrir los ojos.

Con el bachillerato llegó un cambio de centro educativo. Podía empezar de nuevo, nadie la conocía. Empezó a hablar, la relación con los compañeros fue buena y se dio cuenta de lo que le había pasado, de que nadie antes le había explicado lo que era la palabra amistad. Pensaba que en su grupo estaban sus amigas.

"Soy el objeto que alguien olvidó. Soy el títere de unas brujas amargadas", ha escrito Silay en su diario recordando los años de bullying. El trabajo del instituto le sirvió para estudiar científicamente el acoso escolar y hoy Silay Alkma es el seudónimo literario de Carla Herrero, una persona que dice que se siente en paz y que quiere enviar mensajes positivos, de ánimo y de superación, en los muchos circuitos en la red que hablan de ello y en los que expresan su dolor los adolescentes. Hacerlo con su experiencia personal, cercana y de chica joven, y no ex cátedra. El problema existe, pero parece, opina, que se conlleva, que se deja pasar, y que son pocos los profesores que se preocupan cuando, recuerda, puede acabar en suicidio.

Los padres de Carla se enteraron al ver el vídeo. Nunca les dijo nada, era una niña cerrada que no dejaba que se acercasen y, muchas veces sonreía. "Sí, muchos sonreímos para ocultar nuestro dolor", dice. "Conozco las lágrimas, la soledad, las humillaciones, la bipolaridad, la psicosis...", ha escrito Silay al recordar el dolor, pero hoy ha dicho adiós a la soledad - "¿dónde andas? No me busques"-. A raíz de la difusión de su trabajo y del vídeo, muchos chicos y chicas se han puesto en contacto con ella y han ido a verla para charlar. Carla empezará la semana que viene la carrera de Psicología en la Universitat de Girona.

Leer más: http://www.lavanguardia.com/vida/20120915/54350426598/vicitma-bullying-sufrimiento-ayudar-jovenes-acoso-escolar.html#ixzz2zq0cMg00
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miércoles, 23 de abril de 2014

“PÉGALE TODO LO QUE PUEDAS”



 San Pedro de Alcántara (Málaga), 16 de Octubre 2005.
 “Le escribo esta carta para explicarle paso a paso la situación problemática que está viviendo mi hijo en el colegio público... de San Pedro de Alcántara (Málaga) por culpa de un compañero de clase que lo tiene acosado física y psíquicamente todos los días desde que empezó el curso, incluso me ha contado que en el curso anterior también empezó a sentirse acosado, lo que ocurre es que mi hijo hasta este curso no ha contado nada. Mi hijo tiene 8 años, está en la clase de 3º.
 Ya hemos hablado con la tutora varias veces y cuando mi hijo le dice a su profesora que este niño le agrede o insulta, la profesora castiga a este niño. Pero por lo que veo este niño no hace caso. Le he expuesto el problema a la señora Directora y a la Jefa de Estudios pero pienso que no se han tomado el interés suficiente, y, como antes le decía, la profesora hace todo lo que puede para que este niño se comporte correctamente.
 Lo mismo agrede e insulta a mi hijo en el cambio de profesores, que en el recreo, que en cualquier descuido, pero también le pega e insulta al que le parece, este niño no tiene freno y ha llegado a decirle a mi hijo cosas como “a ver cuando te vas a ir del colegio porque aquí no te quiero ver” “gilipollas” “hijo de puta” “a ver si te mueres”, o incluso “te voy a matar”.
 Y para colmo de males este niño tan agresivo, que se llama ..., llegó a insultar a un niño de su edad más o menos, de otra clase, que es minusválido y que está en silla de ruedas, durante el recreo, y lo que consiguió con insultar a este pobre niño es que los compañeros del niño minusválido le pegaran y amenazaran a este niño peligroso, como yo le llamo, diciéndole que como volviera a meterse otra vez con su compañero le volverían a pegar. Este niño es bastante conflictivo y no comprendo como la Señora Directora no me hace caso.
 Y por último, el pasado jueves, día 13, en clase de Educación Física, como el patio donde dan las clases da a la carretera donde está situada la puerta principal del colegio, en un momento determinado, no sé a qué hora sería, la madre de este niño pasó por allí, se asomó a la reja y el niño le dijo a la madre que mi hijo se estaba pegando y metiéndose con él, entonces la madre en vez de mediar, ya que la profesora de Educación Física se encontraba en otro lugar del patio con los otros alumnos y no se dio cuenta, le dijo a su hijo “pégale todo lo que puedas que yo me voy a encargar de este niño y voy a dar parte de él a la Directora”. Entonces mi hijo se fue corriendo y se lo contó todo a la profesora y ella castigó a ese niño por el incidente. Incluso yo le envié una carta a la profesora – tutora de mi hijo explicándole las amenazas de esta madre.
 Mi hijo y yo, estamos sufriendo mucho con todo esto, ya incluso tiene pesadillas, vomita antes de salir de casa para ir al colegio y se está poniendo muy tenso en casa, y antes no estaba así.
 En vistas de ello, como se puede ver en el informe médico de urgencias del pasado sábado, se refleja el estado emocional y tenso que está viviendo mi hijo. Por favor que se termine esta situación, porque incluso tengo entendido, ya que me he informado en acoso escolar, que lo que sufre mi hijo no se debe permitir lo mismo que no debemos permitir el maltrato a las mujeres.

Esta chica sufrió acoso escolar y lo cuenta así:

*Esta chica sufrió acoso escolar y lo cuenta así:
  Leyendo las noticias que aparecen en la prensa estos días sobre el acoso escolar he llegado a una conclusión: Yo fui víctima del acoso escolar. Había una lista con las situaciones que se consideraban acoso y os aseguro que las cumplía todas.
Para empezar os diré que soy miope y era buena estudiante con lo que lo primero era una “cuatro ojos” y con lo segundo una “empollona” (entre otros nombres derivados de mi apellido que prefiero no citar aquí para mantener mi identidad secreta).
En la escuela había un grupo de “gamberros” con un líder gallito y otro que era de verdad el que mandaba pero que no daba tanto la nota, vamos, un líder en la sombra. Le hacían la vida imposible a todo bicho viviente, pero en especial a mi y a otra chica a la que le ponían hasta chinchetas en la silla y la tiraban al suelo (conmigo nunca llegaron a tanto, se conformaban con insultarme, esconderme las cosas o tirarlas por la ventana).
La dirección del colegio no hacía nada, a pesar de que los maestros también sufrían lo suyo con ellos. Decían que mejor estaban allí que en la calle convirtiéndose en unos delincuentes.
De ellos diré que ninguno llegó a eso. La mayoría están casados, tienen hijos y una vida normal. A destacar dos casos: el gallito se hizo militar y el líder en la sombra murió trágicamente atropellado (dicen que se suicidó por una chica). Leyendo lo que dicen ahora de que el 60% serán delincuentes me da un poco de risa, de verdad. En este caso fue el 0%.
Luego llegó el instituto y continuó la historia. Los “abusones” eran otros porque los de la escuela sobra decir que no llegaron al instituto (con 16 años y habiendo repetido todo lo que podían se fueron del colegio). Cuando vives en un pueblo, es lo que pasa, si eres empollona y cuatro ojos, tu fama te precede y aunque no te conozcan da igual.
Por suerte duró poco ya que como tampoco eran buenos estudiantes, el segundo año ya no fui más a clase con ellos y al poco tiempo dejaron el instituto.
Durante todo ese tiempo, no diré que lo pasara bien, pero tenía mis amigas (que eran pocas pero buenas) salía por ahí y fuera del entorno escolar lo pasaba bien. No creo que tenga ningún trauma por eso.
Qué deciros de mi vida después, me eché novio, salí fuera a estudiar, saqué mi carrera, tengo un@s amig@s estupend@s, me fui a trabajar a otra ciudad, me casé... totalmente normal.

*Una canción que refleja situaciones de este tipo es la titulada "El espejo", del cantante Sergio Contreras.


*Esta historia es contada por una persona anónima:
  Todo comenzó cuando termine 8vo grado, mi padre enfermo y las cosas en casa se complicaron, adunado a eso mis padres me cambiaron de colegio y allí fue cuando viví la experiencia más desagradable de mi vida. 

Cuando comencé clases en el colegio nuevo tenia 13 años, yo era una de las menores de la clase, estudiaba con jóvenes que me llevaban 5 y hasta 6 años, el colegio era bastante malo, los profesores eran un poco mediocres y los estudiantes ni se diga; mi salón estaba lleno de repitientes (no tengo nada contra los repitientes) los únicos que cursábamos el año por primera vez, éramos Andrés, Conchita, Rebeca, Jazmín, Samuel Y Yo, el ambiente era hostil los repitientes nos trataban muy mal, sus bromas eran absurdas y en algunos casos enfermizas, no podían pasar ni un solo día sin hacer bromas pesadas.
Un día se incorporo un alumno nuevo (otro repitiente) que era muy amigo de dos vecinos míos que cursaban clases en el mismo salón que yo, allí comenzó la peor etapa de mi adolescencia, entre él repitiente nuevo que para este caso llamare G y mis vecinos a los que les daré los nombres de V y D , se encargaron de hacerme la vida imposible; G me dio el sobrenombre de Corky y eso hizo que por un año mis compañeros dejaran a un lado mi nombre de pila para usar el que G me había otorgado, pase un año recibiendo humillaciones por parte de todos los malditos de ese salón, los profesores no hacían nada la directiva del colegio ignoraba mi sufrimiento y la psicóloga pensaba que mi repudio al colegio era por pura rebeldía.
En casa nadie me tomaba en cuenta mi madre no se cansaba de repetirme que yo no me iba a casar con el colegio, que era algo temporal y que debía dejar de ser tan malcriada, ante la reacción de mi madre decidí guardarme lo del sobrenombre para mi sola.
Ese año paso con lentitud, comencé a fumar, mi vida era bastante triste y mi mente (como la de cualquier adolescente) se creía lo que esos desalmados le repetian a diario, comencé a escaparme del colegio y a beber a escondidas de mis padres, aun recuerdo que todos los jueves me escapaba con los amigos de mi colegio anterior , recuerdo que hacia hasta lo imposible por permanecer lejos del colegio.
Al año siguiente volví al mismo colegio y el primer día de clases jure que si me volvían a decir así los iba a matar a todos, de hecho llegue a contactar a un joven que conseguía armas de la policía pero gracias a Dios no tuve que comprar el arma, ese año mi salón se lleno con nuevos estudiantes, jóvenes que realmente querían estudiar y que no se humillaban entre si , ese año mis deseos de asesinar a los que me habían humillado el año anterior se esfumo pero me quedo el trauma, trauma que pensé que podría superar, pero no fue así y un año mas tarde a solo meses de terminar el colegio con otra situación bastante fuerte encima, un día en el que mis compañeros volvieron a humillarme con mi antiguo sobrenombre fue cuando decidí abandonar el colegio y dejarlo todo atrás.
Hoy en día tengo 23 años, se que no tengo retraso mental, y que no soy ni remotamente parecida a Corky mi vida es un poco diferente a lo que desde niña había planeado, gracias, a la ardua tarea de mis compañeros e recibido tratamientos para la depresión, no e logrado recuperar mi confianza y aun me dan crisis de ansiedad, me e vuelto una persona muy seria que le pone mala cara a los abusadores é intenta ayudar a quienes se lo permiten, a pesar de mis problemas de inseguridad y de todo lo demás e logrado salir adelante y hoy estoy aquí porque quiero dejar bien claro a quienes son victimas del acoso escolar que no importa la situación ó el sobrenombre deben de informarle a sus padres o representante legal , deben informarlo en el colegio y no tienen que parar hasta que quienes los acosan dejen de hacerlo, Mi gran error fue no hablar y miren lo que me paso.
*El bullying me hizo suspender 2 de la Eso (anónimo) :
En segundo de la ESO nos cambiaron de instituto a otro con más niños de otros pueblos. Estábamos en el salón de actos cuando sin ningún sentido los niños que se encontraban a mi espalda empezaron a tocarme el pelo, la espalda… Yo sabía que eso sería uno de varios abusos y tonterías que empezarían contra mí. Y así fue, siempre que me encontraban me molestaban y me dejaban atemorizado.
No llegaban nunca a pegarme, ni siquiera me hicieron daño, nunca. Pero todo lo que hacían, por poco que fuese hacía que tuviera un terror psicológico que me hizo estar deprimido durante meses. Me sentía triste y abandonado, solo tenía ganas de llegar a casa y encerrarme en mi habitación. Muchas noches lloraba y si intentaba coger un libro para estudiar era completamente incapaz, no podía.
Y no solo fueron esos niños, alguna otra gentuza me molestaba y hacía que para mí las clases fueran un infierno. No me pegaban, pero solo hacía falta que me amenazaran sin ningún sentido para que empezara el terror psicológico, me saltaba algunas veces un cuarto de hora de clase porque solo entrar venía el típico macarra, me arrinconaba contra la pared y me molestaba y me humillaba. Yo me iba al baño y lloraba hasta que se me pasaba y volvía a clase.
Mis padres me veían triste y lo vieron muy claro cuando en una boda, estaba con mis primos y por un momento, desde hacía dos meses estaba contento y jugando con mis primos, al poco me alejé, me senté en una sala dónde no había nadie, era la sala de un restaurante pero vacía y una decoración increíblemente bonita.
Me quedé sentado en una silla, triste, de vez en cuando lloraba y así estuve algo más de 2 horas. Cuando mi madre me encontró se preocupo y fue a hablar con los profesores. Pese a que siguieron vigilándome recuerdo como algún que otro profesor seguía tratándome mal o no le prestaban toda la atención que merecía ese caso.
Y así fue cómo aprobé segundo de la ESO, pero mi tutor recomendó a mi madre que repitiera para ir mejor. La decisión más absurda que había tomado alguien pero la acepté para ver si cambiando de compañeros dejaba de sufrir bullying.
Cuan equivocado estaba… Al año siguiente llegué a tener tanto pánico que cuando veía Malcon por la tele y los niños de mi clase imitaban un juego que si mirabas te pegaban, llegué a odiar a muerte esa serie. Odiaba los lunes y lloraba por no ir al instituto.
Cuando llegábamos a clase hacían un pasillo y a veces te tiraban en medio y todo el mundo empezaba a empujarte, darte patadas… Rezaba cada día para que no me tiraran a mí en medio. Empecé a desarrollar estrategias contra el bullying y pese a mi gran timidez fui consiguiéndolo. Imitaba a niños que cuando les molestaban reaccionaban de un modo que hacían que nadie más les molestara… Y después de una larga lucha de más de 1 año y medio conseguí que me dejaran en paz.
Cuando llegué a primero de bachillerato era alguien muy respetado y con el que nadie se metía. Incluso uno de los niños que a veces me había pegado en 2 de la ESO era mi mejor amigo en aquél entonces, y me respetaba cómo el que más.
Será porque me hice respetar o porque los niños crecieron. La verdad es qué no lo sé.
FUENTE: http://aprender20.es/webs0910/bullying/Historias.html

Rostro real del bullying Tiene 13 años y fue víctima de un acoso tan severo en la secundaria que tomó una decisión que hoy lo tiene en el hospital

CIUDAD DE MÉXICO, 28 de febrero.- Ha pasado casi un mes desde que Óscar, de 13 años, ingresó al Centro Médico Siglo XXI. Apenas el miércoles de la semana pasada salió de la sala de cuidados intensivos y fue trasladado a una cama en el área de Pediatría.
El 31 de enero el estudiante de primero de secundaria tomó una decisión crucial: ingirió líquido para destapar cañerías, con el único propósito de enfermarse y así no asistir a la Secundaria Técnica 72 Manuel María Contreras, en la que era acosado por una de sus profesoras y también por sus compañeros.
Después de que ya pasó lo más grave, Óscar, quien se recupera en la cama 571, entra en pánico cada vez que alguien menciona su escuela. No puede hablar, tiene una sonda que atraviesa su tráquea y no probará ningún alimento al menos por un año.
Algunos de los médicos que lo atienden advierten la posibilidad de que nunca más pueda volver a comer normalmente. Además, el retorno del habla depende de la intervención de emergencia que se le practicó para salvarle la vida y de que no se hayan dañado sus cuerdas vocales.
El día en que todo comenzó
La historia empezó cuando la familia de Óscar consiguió cambiarlo del turno vespertino al matutino en la secundaria ubicada en la calle Parcela, colonia Lomas de San Bernabé, delegación Magdalena Contreras.
Desde el principio la profesora de español Norma Gómez Botello comenzó a acosar al niño.
“El niño padece de incontinencia urinaria debido a un accidente que tuvo en un testículo, el cual estuvo a punto de perder, y no puede aguantar las ganas de ir al baño; su maestra de español no le daba permiso de ir al baño”, explica su abuelo Mauricio.
Pero no era todo. La profesora se negaba a calificarle sus trabajos y en una ocasión Óscar acudió con una asesora escolar, quien habló con la maestra, pero ese hecho sólo empeoró la actitud de la docente hacia su estudiante.
“El problema es que él no quería fallarle a su mamá porque ella es mamá soltera y mi niño andaba con una depresión que se agarraba sus manitas y se las frotaba”, detalló su abuelo en entrevista para Excélsior.
“Un día la maestra no lo dejó ir al baño y le ganó la pipí en sus pantalones y todos sus compañeros se burlaron de él”, agregó don Mauricio, taxista y principal sostén de su familia.
A partir de ese día Óscar no sólo tenía que lidiar con los malos tratos de su profesora de Español, Norma Gómez, sino con el acoso de sus compañeros, por lo que se convirtió en un niño inseguro y no contaba con amigos.
La situación empeoró drásticamente. A Óscar le daban crisis nerviosas en clases, que derivaban en diarreas severas y vómitos incontrolables, por lo que sus salidas al baño eran cada vez más frecuentes. Telefoneaba a su casa para que fueran por él, lo que también provocaba la mofa de sus compañeros de clase y la represión de su profesora.
Un día de enero sus nervios lo vencieron y comenzó a revolvérsele el estómago. Pidió permiso a su maestra para ir al baño, pero le fue negado. Momentos después vomitó dentro del salón. No obstante, Óscar no fue enviado a la enfermería, sino que la profesora lo obligó a limpiar su vómito ante las burlas de sus compañeros.
Óscar ya no quería regresar al colegio. Un profesor de nombre Mauricio se percató de su situación y le consiguió un permiso de 15 días para que faltara a clases y fuera llevado a terapia. La situación no mejoró. La sicóloga Helena le decía que era un niño chantajista y tonto.
El punto de no retorno
Pasaron los días. El lunes 31 de enero se terminó el permiso y Óscar debía regresar a la escuela el 1 de febrero. La tarde del lunes su abuela Sara y su mamá Norma hablaron con el niño. Eran las 19:00 horas y lo alentaron a regresar a clases en un intento por darle valor.
Luego de hablar con él le pidieron que se bañara para luego cenar y prepararse para el día siguiente. Óscar hizo caso y entró en la regadera.
Pasaron dos minutos cuando el niño comenzó a vomitar sangre. Su madre, quien es recamarista en un hotel de la avenida Cuauhtémoc, se percató de la situación y auxilió a su hijo; después llegaron sus abuelos.
Todos tranquilizaron al muchacho, pues pensaron que era otra de sus crisis nerviosas derivadas por la presión de regresar al colegio. “Le dije que se metiera a bañar y me dijo: ‘abuelito, ven’”, narra don Mauricio.
“¿Qué quieres, hijo?, le contesté. ‘Ven tú solo’, me pidió, y cuando me acerqué me dijo: ‘Tomé un líquido destapacaños”, detalla su abuelo llorando.
Inmediatamente vistieron al niño y lo trasladaron a la Clínica 140 del IMSS, de ahí lo canalizaron a la Clínica 8 y, al percatarse que la situación era muy grave, fueron enviados al Centro Médico Siglo XXI.
Óscar permaneció en estado grave dos semanas, fue sometido a varios lavados y una cirugía. Hoy no puede hablar, ni siquiera puede tragar su saliva, por lo que tiene que escupir constantemente y las enfermeras aspiran sus flemas en un difícil proceso que se prolonga por espacio de 20 minutos, varias veces al día. Está tan débil que ponerse de pie le resulta muy complicado.
Los nervios no desaparecen
Durante su estancia en el hospital la familia notó que, cuando era mencionada su escuela,  Óscar entraba en pánico, por lo que pidieron a la jefa de Trabajo Social que no dejara pasar a ningún profesor o autoridad de la Secundaria Técnica 72.
Sin embargo, argumentó que no podían impedir el acceso de los profesores y dejaron entrar al subdirector de la escuela, de nombre Raúl. Al verlo, Óscar tuvo un acceso de tos que casi provoca su ahogamiento, por lo que las enfermeras retiraron al profesor.
La familia decidió interponer una denuncia de tipo penal. Explicaron que una conocida escribió la denuncia dirigida a Jorge Mauricio Ferman Quirarte, Fiscal Central de Investigación para la Atención de Niñas, Niños y Adolescentes de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF).
Norma, la madre de Óscar, acudió a las instalaciones de la dependencia, en la colonia Doctores, para tratar de entregar el documento en las oficinas del funcionario, ubicadas en el segundo piso del llamado búnker.
La misión fue frustrada por los funcionarios que están en la entrada del edificio: negaron el acceso a Norma y le indicaron que primero debía de hacer un escrito dirigido al Fiscal para que éste pudiera atenderla.
Red de protección
El 15 de febrero Ferman Quirarte, junto con el procurador del DF, Miguel Ángel Mancera, y el secretario de Educación capitalino, Mario Delgado, firmaron un convenio para la creación de una red de prevención del delito, enfocada a establecer bases sólidas y mecanismos institucionales de apoyo para conocer, sensibilizar, capacitar y combatir el fenómeno del hostigamiento escolar.
El convenio instruye que, a través de la Fiscalía Central de Investigación para la Atención de Niños, Niñas y Adolescentes de la PGJDF, se brinde asesoría a profesores, padres y madres de familia y a estudiantes víctimas o victimarios de este fenómeno, para fortalecer el tema de la prevención.
El abuelo de Óscar explicó que el profesor que consiguió el permiso para que su nieto recibiera apoyo sicológico redactó un documento firmado por las autoridades escolares y la familia, con el fin de dejar un antecedente. Él acudió a la escuela para solicitarlo, pero cuando el profesor iba a entregárselo fue llamado por el director del plantel, José de la Cruz Patiño, quien le llamó la atención y le ordenó no entregar el documento.
Como si nada
La profesora Norma Gómez continúa dando clases en la secundaria 72. El director y subdirector del plantel siguen en sus puestos y Óscar sigue postrado en la cama 571 del Centro Médico en espera de su recuperación. Su futuro, no hace falta ser sicólogo, es absolutamente incierto.
El niño tiene un cuaderno donde escribe lo que piensa. “La garganta me duele, aunque no me aspiren”. Cuando se menciona a su abuelo Mauricio toma la pluma y escribe: “Es mi papá”.
“¿Qué te gustaría comer cuando te deje el doctor? ¿Tacos, hamburgesas?”. Asiente a la segunda opción. “¿De McDonald’s o Burger King?”. Se le iluminan los ojos cuando escucha Burger King. Su única diversión es un televisor portátil con DVD, donde ve con indiferencia Kung Fu Panda.
En diciembre pasado, otro niño de la misma secundaria fue víctima de bullying por parte de un compañero. Tampoco quería regresar al colegio, pero su madre habló con el padre del agresor, quien decidió sacar a su hijo de la escuela. En ese caso los directivos metieron las manos.
FUENTE:  http://www.excelsior.com.mx/node/717812

martes, 22 de abril de 2014

Niño le pide a Santa Claus que su hermana deje de sufrir Bullying

La carta escrita por el pequeño fue mostrada por la madre del mismo a través de las redes sociales, Karen Suffern, quien al ver lo que su hijo había escrito se sintió realmente afectada, pidiendo ayuda para que las autoridades tomen cartas ante el aumento del acoso escolar.
¿Pero cómo pasó?
Bueno, Karen es una madre soltera que le pidió a sus hijos que le escriban sus cartas a Papa Noel en esta época del año, para ir planificando los gastos. Ella tiene dos hijos, Ryan y Amber. La niña sufre sobrepeso y por esto es motivo de burlas en su salón de clases y en la gimnasia, algo que realmente preocupa a su hermanito y que su madre no debía.
El escrito empieza así:
"Querido Papá Noel ... yo quería un coche y helicóptero (de control remoto), pero no quiero los quiero más. los chicos en la escuela se siguen metiendo con Amber y no es justo porque ella no les hace nada. Recé a Dios para que ellos se detengan pero Dios está ocupado y yo necesito de tu ayuda"...

Carta de una madre a otra, cuyo hijo padeció el bullying

Todos los días uno se pregunta el porque de tanto ensañamiento!
La historia pertenece a un chico mendocino que padeció durante muchos años el acoso de sus compañeros y el desinterés de los directivos y docentes de la escuela a la que asistía. Por suerte no tuvo trágicas consecuencias, pero sí cuatro años de amargura y depresión que pudo haber desencadenado en algo violento o trágico.

A fines del 2011 pude cerrar la puerta de años de maltrato hacia mi hijo y abrir un portón hacia la felicidad. Nuestra historia comenzó en el Colegio Sagrado Corazón y se repitió desde la salita de cinco hasta cuarto grado.
Año tras año, mi hijo sufrió varios tipos de maltratos que pasaron desapercibidos. Algunas cosas comenzaba como juegos de  niños, encerraban en el baño a mi hijo, le ponían apodos discriminatorios, lo empujaban, se burlaban de lo que hacía o lo que no hacía, aparecían moretoes en su cuerpo, le gritaban frases como “vos no servís para nada” “ñoño” “salí de acá” “no jugas”. Todas estas cosas consideradas como "normales"para algunos y porqué digo normales, porque cada año que hablé con las docentes me decían que ya se iban a encargar del tema y daba la casualidad que en todos los años tenía maestras reemplazantes, sólo tuvo una docente titular todo el año, la única que realmente lo conoció. Claro, a las demás qué les importaba si no cumplían todo el año escolar con el mismo grupo.

Con el paso del tiempo empecé a decirle que se defendiera, casi entré en la sugerencia de una de docente que me dijo que no veía la hora que mi hijo reaccionara contra sus compañeros y fue cuando le dije que eso no iba a suceder porque no estaba acostumbrado a la violencia. Entonces me hicieron pensar que el problema era mi hijo, hasta  tuvo el tupé de decirme que mi hijo “era especial”… ¡si, especial…! y sí,  para nuestro orgullo era así… ya que no era amigo de la peleas, del vocabulario grotesco, tampoco amigo de las malas notas y del atropello. Al contrario jamás tuve un llamado de atención, ni por su comportamiento ni por sus calificaciones que siempre fueron de 9 y 10, un promedio de 9.66 en cuatro años, ese era mi hijo especial al que le gustaba ir al a biblioteca en los recreos y no jugar al fútbol.
Entonces comprendí que hoy en día está de moda insultar, pegar, seguir a los líderes negativos, ¿Para qué los buenos ejemplos no?? Eso ya no se acostumbra, pero gracias a Dios eso no es en todos los establecimientos, hay grandes excepciones como donde estamos insertados este año escolar.

En fin en dos oportunidades luego de idas y vueltas de comunicaciones verbales y escritas en cuadernos con las docentes firmé el famoso Libro de Actas donde en ambas veces con lágrimas y desesperación suplicaba ayuda del equipo directivo y del equipo psicopedagógico, pero nunca tuve una respuesta.
Salvo la última semana de clases que fui convocada luego de varios años por la psicopedagoga para una evaluación de mi hijo ya que se había enterado por los pasillos que nos llevabamos a nuestro hijo de la escuela. No tuve ningún inconveniente de que lo entrevistara, ella quedó encantada de escucharlo y el famoso chico especial, que pasaba desapercibido fue diagnosticado como un niño con alto coeficiente intelectual, descartando problemas, la profesional me pidió otra oportunidad para solucionar el problema, sabía que era un grupo conflictivo y me pidió que no me lo llevara. Obviamente que no íbamos  a sacrificar una vez más a nuestro hijo en pos de un "experimento". La decisión era escapar…
La humillación llegó al máximo cuando mi hijo nos manifestó que ir al colegio era dejarlo en una jaula. ¡La tristeza y la desesperación invadió nuestro hogar! Como padres sentimos la frustración que él sintió, comprendimos su sufrimiento, todos padecimos ese hostigamiento y la angustia nos empujó a salir en forma urgente a buscar un lugar mejor y dignificante.

La respuesta de la vicedirectora fue que hiciera lo mejor para mi hijo, que era una lástima perder a un excelente alumno; la directora jamás se hizo cargo de su falencia educativa ni siquiera nos pidió disculpas, al contrario cuando le llevé la nota a la Madre Superiora con nuestro problema y las sugerencias a mejorar,  me dijo que presentara mi nota donde quisiera y así lo hice. Primero hablé con la Madre Superiora en ese entonces, posteriormente elevé mi caso a la  Supervisión de Dirección de Escuela (Colegio Corazón de María Sra. Alba Camargo) por último entré en un chat (oportunidad brindada por MDZ)  con la Sra. Abrile de Vollmer quien me dijo que tenía un niño fuerte ya que con ese promedio no le había afectado su intelecto y que si era necesario cambiar a un niño de escuela había que hacerlo las veces necesarias.
Me quedé con un gusto amargo de la falta de compromiso o quizás la falta de capacitación para aceptar que este problema está instalado en las escuelas ya sean estatales o privadas y tomar medidas para prevenirlo.

Gracias a Dios cambiamos de rumbo a tiempo. Pero el desafío fue mayor en todo sentido, no se trataba de tener un niño con alto rendimiento escolar sino de tener un chico FELIZ, que hoy en su nueva escuela sonríe, juega, disfruta del compañerismo del respeto y sale con la cabeza bien alta.
Que con  tan sólo 10 años ya sabe en carne propia lo que fue el sufrimiento. A tal punto de que cuando le preguntaron porqué se había cambiado de escuela sacó ese dolor de lo más profundo y pudo expresarle a todos sus nuevos compañeros sin vergüenza que durante años había sido la burla de sus anteriores compañeros. Fue ahí cuando comenzó a disfrutar de su escolaridad  y hoy en día él mismo sabe el significado de bullying e  identifica cuando hay injusticia, discriminación y tiende su mano para ayudarlo tratando de impartir unión.

Por  eso hoy ya lejos del acoso escolar, me gustaría que como padres  comencemos a actuar y luchar para que esto no se instale en la sociedad como algo normal. Al contrario hay que combatir ese flagelo para tener a futuros hombres y mujeres fuertes.

Fuente:  http://www.mdzol.com/nota/418645/

sábado, 19 de abril de 2014

Carta de una victima de bullying

CARTA DE UNA VÍCTIMA DE BULLYING A SUS AGRESORES
February 24, 2013 · by Luis C. C. Rodríguez · in #CualquierCosa
Hola, creo que es la mejor manera para hablar con ustedes; saben he intentado buscar miles de respuestas  a la gran pregunta que siempre me aqueja ¿Qué les incomoda de mí?, y la verdad no puedo encontrarla, no entiendo porque su trato tan agresivo, porque me discriminas porque me humillas, no entiendo que fue lo que hice para recibir esto de ti, cuando llegue a este lugar creí que sería la mejor experiencia de mi vida, ahora no entiendo porque tengo vida; recuerdo como si fuera ayer el día que los conocí, la emoción y nerviosismo corría por mis venas tenía una gran sonrisa, no sé si eso fue los que les molesto y los llevo a reírse de mí; cuando regrese a mi casa ese día mi madre pregunto: ¿Cómo te fue? Y yo respondí –Muy bien madre; en el fondo creía que al día siguiente todo cambiaría pero no fue así, ustedes siguieron riéndose de mí y ahora  no eran los únicos, cada día que pasaba alguien más se les unía y yo no comprendía que sucedía, al llegar a mi casa me encerraba en mi cuarto intentando buscar respuestas pero nunca las obtenía, mi alegría comenzó a apagarse, pero saben nunca deje de sonreír, no quería ver a mi madre triste, así que nunca la hice parte de mi dolor, en algunas ocasiones me paraba frente al espejo buscando respuestas y solo encontraba lágrimas y más dolor, por las noches cuando intentaba dormir no podía hacerlo ya que venían a mí los recuerdos de aquellos momentos , entre más tiempo pasaba, más me reprochaba quería saber que era lo que estaba haciendo que les molestaba tanto, me dolía lo que hacían, un día decidí no volver a salir, si estaba encerrado no me verían y al no verme ustedes no se sentirían molestos por mí, pero no pude evitar ir a la escuela tenía que evitar que mi madre se sintiera mal por mí, así que debía ir aparentando el gusto por ella como el que tenía el primer día así que tuve que volver a ella,  en mis tiempos libres buscaba donde refugiarme para que no me vieran, me sentaba detrás de la escuela con mi única compañera la soledad, si esa que desde esos días me acompaña y nunca me abandona; pero esto tampoco fue solución ahora ustedes se burlaban de mí en las redes, no fue nada gracioso ver mi cara en una foto de la cual todos se burlaban no sabía qué hacer, ese día mi dolor creció mucho más que en ocasiones anteriores, ya no sabía qué hacer, comencé a sentir un vacío dentro de mí, como si algo me faltara y la verdad no entendía porque, las lágrimas se convirtieron en el pan que cada día me alimentaba, si pero de dolor intenso, fue allí cuando comencé a odiarme, odiaba lo que era y añoraba dejar de serlo, pero no sabía cómo hacerlo, busque en el botiquín de mi casa y encontré unas pastillas para dormir, me he tomado 5 pastillas y ya he comenzado a tener un poco de sueño, así que termino contándoles lo que quería aquel primer día que los vi, saben quería convertirme en su mejor amigo, quería divertirme con ustedes, salir, jugar, reírnos de tonterías o simplemente sentarnos a conversar eso era lo que yo buscaba, ojala pudiera haber podido saber qué era lo que les molestaba para poder haber cambiado, pero al parecer el problema soy yo así que decidí decir Adiós.


NOTA DEL AUTOR: El Bullying más que golpes es maltrato psicológico, la mayoría de sus víctimas terminan deseando la muerte, los índices de suicidios e intentos de los mismos son bochornosos para una sociedad que reclama Paz, pero que con sus actos no trata de aportar a dicha paz y tranquilidad que quieren tener. Di NO al Bullying
Fuente: http://hedonismocritico.com/2013/02/carta-de-una-victima-de-bullying-a-sus-agresoress/

Punto de no retorno (Bullying short film by Carlos de Cozar)

"Bullying", cortometraje ganador del Primer Concurso sobre Violencia Esc...

Yo sufrí bullying hace ya más de 40 años



Yo sufrí bullying hace ya más de 40 años
Por Liliana Weisbek Escritora.
La crueldad y el silencio. A veces pensamos que las nuevas tecnologías crearon las situaciones de acoso adolescente. La autora asegura que existen desde mucho antes y habla de una experiencia en la que maestros y compañeros optaban por callar en vez de ayudar.
                   
Graduación. Liliana aparece sonriente en esta imagen de su graduación en un colegio secundario privado. Detrás de la foto, la realidad era otra: una chica a la que cargaban y hacían sentir fuera de contexto.

Se dice que el bullying es algo actual, que la sociedad es, ahora, impiadosa. Mentira. Yo lo sufrí en carne propia poco más de cuarenta años atrás. Hoy me pregunto cómo viví angustiada tanto tiempo, cómo lo soporté, pero el bullying es algo de lo que uno no se puede escapar si no hay ayuda. Cuando se dan las condiciones propicias, el agresor y sus agresiones lo atrapan a uno en una red que día a día aprieta más fuerte, el mundo continúa girando fuera de la misma como si nada, pero para el agredido todo lo que está afuera de la red pasa a un segundo plano, lo importante es como poder sobrellevar la presión que nos asfixia más y más. Hace poco una periodista se preguntaba cómo era posible que un jugador de básquet de 2 metros de alto y más de 100 kilos de peso pudiera sentirse afectado por los dichos hostiles de algún compañero de equipo. Y yo le contesto desde aquí que no tiene que ver con el tamaño o con la inteligencia sino con condicionamientos psicológicos.

Una de las razones por las cuales me transformé en la víctima perfecta es que siempre fui tímida. También retraída e insegura. Ahora me doy cuenta de que la mayoría de estas cosas venían dadas por las inseguridades de mi madre quien me inculcó desde chica sus debilidades, con su carácter represivo, sus gritos, su intransigencia. Nunca una palabra de aliento, nunca una muestra de cariño. Se ocupó de mí, y muy bien, debo ser sincera, pero en lo operativo no en el afecto, y creo que esa actitud fría y agresiva me marcaron sobre todo en mi infancia y primera adolescencia. Mi padre, un pan de Dios, nunca se oponía a nada de lo que ella dijera, yo creo que para no escuchar sus gritos. Y mi vida era una continuidad de cosas que no se podían hacer por el famoso “qué dirán”.

Fui entonces pasto seco para los acosadores del colegio, pero siento que parte de la culpa fue mía, yo los dejé hacer. Creo que para que exista el bullying tienen que haber dos actores: el acosador y el acosado. Y lo que siempre me asombró, aun ahora no me lo puedo explicar, es por qué nunca nadie me defendió, me refiero a mis profesores y a mis otros compañeros, estoy segura que muchos se daban cuenta de la situación, pero nunca nadie salió en mi defensa, preferían mirar para otro lado; en ese momento no lo pensaba, ahora que lo escribo, me da bronca.

El comienzo del suplicio fue en el secundario. Los que me agredían era un grupito reducido de varones que se creían más ¿cancheros?, porque de hecho no eran los más lindos, todo lo contrario. Por eso creo que, con sus agresiones, trataban de ocultar sus propias inseguridades, sentirse más fuertes. Uno de ellos los lideraba y era quien me agredía verbalmente, los demás aprobaban cualquier cosa que dijera con sus risotadas. Con el resto de los varones me llevaba bien, dentro de mi timidez, por supuesto.

Algunos recuerdos son borrosos, la memoria es piadosa y pone barreras a lo que nos hace daño, pero recuerdo que al comienzo las burlas se referían sobre todo a mi condición de buena alumna y a las excelentes notas que yo sacaba.

“¿Estudiaste, Weisbek?”, me preguntaba mi acosador, “claro que estudiaste”, se respondía él mismo ante las risotadas y las caras burlonas de sus amigos, “estudiaste porque es lo único que hacés”. También en algunos momentos se refería al hecho de que algunas profesoras me tuvieran preferencia y daba a entender que me favorecían, cosa que no era así. Reconozco, sí, que algunas profesoras me tenían estima, pero se debía a que siempre estudiaba y me portaba bien en clase.

Con el tiempo las burlas derivaron hacia mi situación sentimental, “¿Tenés novio Weisbek?”, me decía a veces; otras, “¿vas a ir a la fiesta de tal el sábado Weisbek?”; “¿así que ayer te vieron besándote con xxxxx, Weisbek?”.

Esas preguntas no tienen nada de malo según de la forma en que se hagan, es distinto que una amiga te pregunte con ánimo de chisme: “¿Tenés novio?”, a que alguien que sabés que te odia te pregunte lo mismo pero queriendo decir “Qué vas a tener novio, si sos una tonta, una traga y nadie se va a fijar en vos”. En ese contexto me decía esas cosas, todos lo sabían, por lo que dada mi timidez y mi conducta estricta y algo pudorosa generaban sonrisas de las malas, de las crueles.

Siempre me llamó por mi apellido y las preguntas casi siempre versaban sobre mi estado sentimental que en ese momento se reducía solo a leer las novelitas de Corín Tellado y a admirar a uno que otro jugador de rugby y alguno de tenis también. Preguntas de ese estilo y algunas variantes a veces más subidas de tono que su séquito festejaba.

Los que me conocen ahora, enérgica y decidida, se preguntan, ¿pero cómo no le partiste un libro por la cabeza y lo insultaste con esos insultos tan creativos que siempre decís cuando manejás y alguien hace una mala maniobra? Y yo les respondo, yo era otra Liliana, estaba encerrada en esa red que incluía el colegio, mi casa y mis miedos, y mis acosadores eran la cuerda que la tensaba día a día.

Por esa época algunas de mis compañeras comenzaron a tener novio. Yo no, por supuesto. Mi madre se encargaba de enumerarme a todos los infiernos a los que me iba a ir con solo besar a un chico. Eso hizo que mi natural timidez se incrementara. Los acosadores seguramente lo percibieron ya que aumentaron el nivel de sus agresiones.

Recuerdo que un domingo, creo que se festejaba el Día de la Primavera, en casa de una de las chicas se había hecho un asado. Después de comer, algunos se pusieron a bailar, yo me acerqué a una mesa a servirme algo para tomar, no me di cuenta, hasta que fue muy tarde de que al lado de la misma estaban mi agresor y su banda. Entonces me preguntó: “Weisbek, ¿sabés bailar?”, yo lo miré y le dije: “Sí”, entonces en medio de las risas de sus amigos replicó: “Entonces andá y bailá”, lo que quería decir es que fuera a bailar sola porque ningún chico querría bailar conmigo. Yo salí corriendo, llorando y llamé a mi padre por teléfono para que me fuera a buscar. Fue muy cruel, me cuesta escribirlo, dolió mucho.

Con el paso del tiempo, no puedo precisar en qué año, pero debió haber sido por tercer año los dardos verbales devinieron en discriminación religiosa, y comenzaron los agravios hacia mi supuesta condición de judía.

“No hablen con la judía”, decía mi acosador si veía a alguien hablando conmigo, “hay olor a judía, ah es Weisbek que está cerca”, si yo andaba por ahí. El colegio no era religioso pero todos los primeros viernes de cada mes nos formaban en el patio en la última hora para rezar. Por supuesto los que no eran católicos podían irse, y allí sí que me volvía loca porque comenzaba “Weisbek andate judía, ¿Qué haces acá?”, miraba a sus amigos y les decía, “ díganle a la judía que se vaya, no puede rezar con nosotros ”. ¿Y yo? Yo soy católica, ahora sabría qué contestarle, pero en ese momento solo bajaba la cabeza asustada y rezaba en silencio, ni siquiera podía decir que nadie merecía esa burla, sea de la religión que fuere. Y ni decir mi religión podía, además. Ahora que lo pienso, muchas veces los celadores retaban a mi acosador por hablar en esos momentos, en realidad él me estaba hablando a mí. ¿Cómo puede ser que nadie escuchara nada?, me doy cuenta de que era imposible.

Retomando el tema religioso, mis abuelos fueron alemanes del Volga y vinieron a la Argentina a principios de 1900 huyendo de las persecuciones religiosas de los bolcheviques (a ellos los persiguieron por ser católicos) se establecieron en Coronel Suárez, no pasaron ni la primera ni la segunda guerra mundial. Yo no sabía por ese entonces los sentimientos de antisemitismo que invadían el alma de algunas personas, pero lo sufrí de una forma brutal. Había en el curso otras dos chicas que sí eran judías, a una de ellas también la volvían loca, a la otra no, porque estaba en el grupo de las populares.

Yo tuve la suerte de poder romper la red que me tenía atrapada, aunque cuando leo en el diario algunos actos violentos de chicos o chicas acosados, veo que no todos pueden hacerlo. Eso me desvela.

En mi caso todo comenzó a aclararse cuando terminé la escuela secundaria, ese verano mis padres nos hicieron a mi hermano y a mí socios de un club de la zona y nos inscribimos en un curso de Náutica. Allí conocí otros chicos y chicas, quizás el hecho de compartir un objetivo común –aprender a navegar– hizo que no me mostrara tan tímida, porque me hice de amigos y amigas, nadie me agredió, nadie me discriminó. El ambiente también era más distendido, era un club, no era el colegio riguroso al que yo había ido.

Comencé a sentir que la red se iba aflojando.

A los dos meses estaba tan integrada que me animaba a hacer cosas que antes jamás se me hubiesen cruzado por la cabeza, como insultar a los de otros barcos cuando corríamos alguna regata, ¿Por qué no lo hice antes? Porque estaba atrapada en la red.

Ese verano me dejó como resultado un montón de amigos, en marzo comencé a estudiar Computación en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y un nuevo mundo se abrió ante mí, comenzaron otras obligaciones, otros compromisos, conocí mucha gente, nos reuníamos para estudiar con mis compañeros de Facultad, por supuesto que no me llevaba bien con todos, pero el bullying fue quedando sepultado en mi mente. Es increíble como un cambio de ambiente –el acoso se cambió por respeto– te modifica la vida radicalmente. Acá vuelvo a pensar que nadie en mi colegio quiso ver lo obvio y parece indispensable recalcar que si hay bullying, hay compromiso de la institución que no lo sabe frenar.

Al año siguiente empecé a trabajar en una empresa relacionada con lo que estudiaba (computación), y por veinte años trabajé en cuatro compañías, siempre en la misma área donde me destaqué. Luego el destino me llevó a desempeñarme en Comercio Exterior, he debido viajar a varias partes del mundo, conocí otras culturas, he cerrado importantes negocios y contratos internacionales.

En todos lados me trataron con amabilidad. En el medio me casé dos veces y tuve dos hijas. Aunque creo haberme liberado de la red, a veces vienen a mi memoria esos años de sufrimiento en la escuela secundaria y me pregunto cuánto mejor lo hubiese pasado si no hubiese estado atrapada. Los adolescentes a veces son crueles. Ojalá mi dolor dé una luz de alerta y sirva para que los acosadores tomen conciencia del mal que pueden hacer: las heridas infringidas –les juro– nunca cicatrizan del todo.

FUENTE:  http://www.clarin.com/sociedad/sufri-bullying-hace-anos_0_1081092071.html